Best Seller

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Una serpiente interminable, a punto de atacarlo. Eso le pareció la fila a J.B. Lentamente abrió el volumen, la estilográfica dibujó una elegante curva en el aire; comenzaba la fiesta de las dedicatorias. Una joven de cabello sorprendentemente negro, verdes ojos de almendra, universitaria. “Ana María, ojos como el mar, para ti el primero”. Bella sonrisa. No muy lejos podría estar el amor. Un soldado del servicio militar. “Con afecto J.B”. Obrero con overol de mecánico. Sonrisa franca. “Cariño y respeto de J.B.” Escribes, ¿no? Eso se ve. “Para José Alberto, un escritor en ciernes, los más grandes deseos de que triunfes, J.B”. J.B, J.B y J.B. Se acabaron los ejemplares. Trajeron más. J.B; tan solo firmaba, no había tiempo, la serpiente se tragaba cajas de libros, engordaba y crecía hasta el final de la plaza… J.B, J.B, J.B, J.B, J.B, J.B, J.B, J.B, J.B, J.B… se le nublaba la vista, J.B, J.B, J.B, J.B, J.B, J.B, J.B, J.B… le dolían las nalgas y sentía el torso cansado… J.B, J.B, J.B, J.B… tenía el brazo acalambrado y un dolor insoportable en el cúbito y el radio hasta la punta de los dedos… Se agotaron los libros. Quedó todavía un montón de gente que se dispersó cabizbaja. Amaneció. La plaza se diluyó entre sombras. Ante J.B tomaron cuerpo las paredes de su cuarto. Se estiró, se frotó los ojos, sonrió satisfecho. Ahora solo le faltaba escribir el libro.