El Hidalgo Quijote Don Mancha del Ingenioso

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El Quijote sonríe por primera vez en mucho tiempo. Sancho se aterra porque sabe que, al final, su amo está loco. Rocinante se resiste a seguir.
—¿Acaso había visto algo tan hermoso, Sancho?
El escudero está mudo.
—¡Mire los molinos, Sancho, mire los molinos! ¡Cada vez están más cerca!
Sancho huye, Rocinante enloquece, pero el Quijote no entiende qué hay de malo en tanta belleza. Los gigantes, sin inmutarse siquiera, siguen su camino.