Huyendo

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Conmovido, pero turbado, se arañó los pies como remontando hacia el fetichismo original de una niñez que no era, ahora súbitamente podía recordarlo, ni viril ni femenina, sino niñez ameba e invertebrada, niñez de hambruna paleozoica.
A Eduardo la encontraron semanas después enterrada y sin hueso, con los pies arañados.
Y todavía hubo quien escribió: como una lengua de gato. Pero no de gato. Lengua ameba de can invertebrado, lengua de luna: perruna y precámbrica.