Un sitio grande y lejano

Versión para imprimirVersión en PDF

Cuando llegué el Flaco estaba fuera, no me supo allí hasta que me senté en aquel banco, tipo raro el Flaco, siempre me pareció el ser menos apto del grupo, y sin embargo era Willy quien estaba ahora allí dentro: ¿cómo te enteraste?, pregunta, lo hace y saca de su bolso una libreta grande: ¿quieres ver mis últimos bocetos?, lo miro, el Willy está dentro, el Willy que compartía el atelier con el Flaco, el atelier; en realidad un cuartucho viejo en una azotea, el Flaco y sus bocetos, los últimos. ¿Qué tiene Willy?, quiero saber. No sé, dice, está mal, grave. Me desespero: ¿pero qué tiene? Se encoje de hombros: la medicina da miedo, dice, y yo miro los árboles de la avenida, húmedos de miedo, el miedo sobre los árboles, goteante el miedo, mojando el asfalto, la avenida, los pies, miedo por lo que pueda pasar a Willy, los humanos estamos hechos, más que de piel y huesos, de miedo, al Flaco le dan miedo los hospitales, ahora mismo explica eso; entra a un hospital y algo le bulle dentro, un día haré un boceto sobre eso, dice y es que el Flaco tiene libretas y libretas con bocetos, Yoanna y Fernan estuvieron aquí, fueron a buscar pizzas, aclara, la vida sigue; el Flaco hace bocetos, Yoanna y Fernan deambulan en busca de alimento, y Willy, quién sabe si vuelva a hacer bocetos o a comer pizzas, ¿no han preguntado a un médico qué tiene Willy?, cruza las manos sobre la cabeza, niega, es él quién debería invernar ahí dentro, él y no Willy; el cuerpo se le hace piel encima, escafandra mínima, ¿qué estás pintando?, quiere saber, nada, confieso, no tengo deseos de explicar que seis meses y no tomo pincel, no quiero decirle que he pasado el tiempo leyendo y leyendo y leyendo, él, que carece de paciencia para leer, querrá saber qué he estado leyendo, la Biblia, el Zohar, algo de historia francesa, y el Flaco que no sabe qué es el Zohar, que nunca ha leído la Biblia, pienso en Willy; siempre saludable, más de un año sin verlo, nos llamábamos, hablábamos, a través de un cable, en diciembre la última vez, un día después de su cumpleaños; yo había confundido la fecha, entonces Willy contó cómo seguía reuniéndose el grupo, habló de sus últimos cuadros; todo lleno de rojo, amarillo y azul, mucho azul, se moría por los colores primarios, catedrales que serpenteaban en el cielo, ventanas de las que brotaban falos, recuerdo que discutimos un poco sobre falos; podrían ser, por ejemplo, lenguas, o brazos, ¿por qué necesariamente falos?, lo acusé de deseos de epatar, del síndrome de sexismo que acá padecen todos, después me arrepentí, claro, el Flaco quiso saber si no pintaba por los problemas con mi padrastro o tal vez por el estrés de la beca, y claro, tenía que salir lo de la beca, no, mi padrastro se fue, afortunadamente, no se le ha vuelto a ver, y desde antes de la beca dejé de pintar, me pregunto por qué estamos aquí mientras Willy espera quién sabe qué sobre una cama, ¿qué hacemos aquí?, él que Yoanna y Fernan vendrían con pizzas, que la visita sería a las ocho, miro el reloj, faltan dos horas, quiero saber qué tiene Willy, no quiero esperar la visita; Yoanna y Fernan vendrán con pizzas, comerán, se mancharán de grasa, alabarán el queso, a Fernan le brillará el labio inferior, preguntarán por qué no he vuelto a pintar, no querrán saber de la beca porque me envidian el viaje, París, no lo mencionarán, o tratarán de no hacerlo hasta que ya no soporten más y ¿cuando te vas?, y yo en unos doce días, y que si la visa y yo la visa ya, que si la embajada y yo la embajada también ya, y Yoanna cómo envidio que veas la nieve, y yo que no sé si en París haya nieve como para envidiar, la nieve es agua congelada; no sé cómo pueda envidiarse eso, se cumplió tu sueño, dirá Fernan, tendré que aguantar las ganas de soltarle que ahora ya no quiero irme, que moriré extrañándolo todo; el barrio, las calles, la gente, el aire, mi cama con su hueco al costado, y el Flaco pedirá su postal de Notre Dame, y Yoanna de Saint-Germain-des-Prés, y el Fernan, que de París conoce poco, pedirá una del Louvre, una con la Gioconda, y entonces Yoanna dejará salir aquello, no sé ni cómo te ganaste esa beca, eso dejará salir, y es que de Yoanna puede esperarse cualquier exabrupto así de pedestre, de mierdero, se ofrecerá a ayudarme: si quieres mi papá te lleva al aeropuerto, tendré que mentir o vomitar, mejor mentir, siempre me ha aterrado vomitar, no voy a esperar a las ocho, voy a subir, anuncio, el Flaco quiere saber adónde pienso subir y no sé por qué vuelve a colocarse los brazos sobre la cabeza, un gesto que antes no le había visto, los brazos tan largos casi pueden dar dos vueltas sobre su cráneo, podrían llamarlo El Pulpo, voy a subir a hablar con un médico, explico, él que me mira, no entiende, cómo me alcanzan las fuerzas para eso, se pregunta, ten cuidado, advierte, y es curioso; no sé de qué deba tener cuidado, es un hospital, a qué huir, las enfermedades andarán renqueantes por los pasillos, a la caza de sanos, cercarlos, joderlos, subirlos a las camas de este edificio, cuartel preparatorio de la muerte, no tengo miedo a los hospitales, tengo miedo de lo que suceda a Willy, tengo miedo de que cuando esté en París no resista y me regrese a La Habana, de que cuando llegue a La Habana no resista y ya no pueda volverme a París, dejo al Flaco decidiendo si hojea su libreta de bocetos o mantiene la cabeza enrollada en brazos, a Yoanna y Fernan buscando pizzas, ¿adónde va?, soy la hija del doctor Fernández Mirabal, vengo a verlo, la mujer queda tranquila, puedo pasar, para ser médico urge un apellido impactante, sonoro, no habrá aquí doctor con esos apellidos pero la mujer se asusta; tendrá apellidos mediocres; será Rodríguez, o Pérez, o Fernández, sus apellidos fueron la garantía para subir en ascensor al quinto piso, buscar la sala D, la cama trece, mal número ese, cruzo dedo índice sobre el del medio, ver al Willy ahí, sobre una cama, largo el Willy y muy delgado, aún más que el Flaco, me acerco, está dormido, está pálido, casi no está, por el rostro me convenzo de que es él, Dios mío, ¿qué le ha pasado?, ¿cómo extrajeron tanto cuerpo de su cuerpo?, no puede quedarse aquí, me doy vuelta, una enfermera, casi una niña, quiero ver al médico, digo, lleva una caja metálica en las manos, esas que dan pavor, que dentro tienen jeringuillas: ¿cuál médico?, señalo al Willy: al médico que lo atiende a él, soy su hermana, todo funciona mejor mientras mayor sea la consanguinidad, caminamos por un pasillo, alguien llora, llaman por un audio, doctora Liudmila, doctora Liudmila, favor de presentarse en Neumología, y no es nombre ese para una doctora; no lo es, en cualquier instante podría el audio exigir la presencia de Ruslam, doctora Liudmila, doctora Liudmila, favor acudir a la sala de Neumología, reincide el artefacto, alguien se asfixiará en Neumología, Liudmila tratará de hacerle llegar aire a los pulmones, para el  que se asfixia el mundo será todo nitrógeno o cualquier otra porquería, Liudmila acudirá con oxígeno, oxígeno y tubos, la asfixia que es grande y terca se resistirá, hay más nitrógeno en el mundo que cualquier gas bueno, nada podrá hacer Liudmila, no le funcionará el oxígeno, un fallecido más en su haber, abre una puerta la enfermera: doctor, ella quiere hablar con usted, es la hermana del paciente de la cama trece, dedo índice sobre el del medio, el hombre me mira, también él es bastante joven, está comiendo; arroz, caldo incoloro, pasta rojiza, nitrógeno y helio puros: siéntate, invita, déjame acabar este palmiche, médico ingenioso, al menos uno, reglas y excepciones, este habrá resultado testigo de menos muertes que la doctora Liudmila, tal vez sea él Ruslam, habrán iniciado su romance en la sala de Neumología, a este quizá le funcione el oxígeno, o los tubos, el oxígeno, que según me aseguraron alguna vez, tiene un color precioso, ni Delacroix lo soñó así, ¿eres la hermana de William?, ahí va mi movimiento de cabeza, él que suspira, rechaza la bandeja: no puedo más, esto sabe a cloruro de pentarcromio, debería sonreír pero el Willy está a unos metros, sobre una cama el Willy, la mitad del cuerpo que tenía en diciembre, respirando rarísimo sobre una cama, el Willy que un día en su atelier me avisó que Yoanna planeaba emborracharme, todos planeaban emborracharme para verme desnuda; en el grupo todos se habían visto desnudos, todos habían tenido sexo, todos menos yo, Yoanna; la genio del grupo, la mejor dotada para la plástica, a la que tal vez sólo faltara tener sexo con macho cabrío, con minero de Matahambre, con hacker de Minnesotta, con coolie de Calcuta, entonces Willy confesó lo de las burlas, todos se burlaban de él, yo no lo sabía, en realidad yo sólo pintaba un poco con el grupo, y Willy que todos se burlaban, de su pene, utilizó esa palabra, lo juro, pene, recuerdo haber quedado callada, momentos en los que una no sabe elegir palabra, Willy eligió pene, se burlan porque es chiquito, dijo, sonrió, a desgana, sonrisa aquella de media asta, para él un momento difícil, y yo nunca sé qué hacer en los momentos difíciles, soy un asco en ellos, me miró con aquellos ojos azules, muy inquietos los ojos: ¿tú no has oído sobre eso?, aseguré que no, entonces Willy propuso bajarse los pantalones, que certificara yo si tenían razón, si solo era el afán de mortificar al prójimo, más difícil el momento, menos sapiente yo del qué hacer, miré su pene, bastante pequeño, lo sostenía con una mano, escena como para un boceto del Flaco, no usaba calzoncillos el Willy y tenía poquísimo vello, algún tiempo sin rasurarse, no es chiquito, juré, he tenido como tres novios que lo han tenido más chico, me hizo repetirlo varias veces, los más reducidos cuando tienen erección igualan a los más grandes, sonrió: eso es un cuento, dijo, y claro, bien sabía yo que era un cuento, quedé callada, por dentro rezaba: Willy no tengas una erección, no la tengas, hizo retornar pantalón sobre cintura, pene pequeñito de Willy a lugar cubierto, feliz ahora el portador, pensar que el grupo miente, que mis tres novios, cabrones mecanismos de defensa, nos asimos a ellos para no irnos cabeza abajo, no nos metan en un hospital, no morirnos llenos de nitrógeno, tuve mucho miedo de que tuviera una erección, ¿qué habría hecho Jahvé si Abraham, listo para circuncisión, para el pacto de la Alianza, le hubiese mostrado un sexo así de reducido?, te voy a decir, William tiene un Pancoats, está mal, llevó la bandeja a un cubículo contiguo, ruido de agua, al carajo los médicos, un Pancoats, parece apellido de pintor holandés, Peter Van Pancoast, subasta de un Pancoats en Sotheby's, cuarenta millones, ¿quién dá más?, a los médicos les gusta joder al vulgo, joderlos con nombres raros, disfrutar de la ignorancia, para ellos todos somos pacientes en potencia: ¿qué es un Pancotast?, el doctor Rey, médico de Van Gogh empleó un  lienzo de su paciente para tapar un hueco, un hueco en una pollería, eso durante once años, ahora este tiene el pañuelo en la mano, sucio el pañuelo: un tumor, maligno, de pulmón, lo dice y se limpia las manos, Pilatos, recuerdo a Pilatos, quiere decir..., cierro los ojos, trabajo cuesta pronunciar la palabra: ¿un cáncer?, exacto, convino, y… ¿no lo puede operar?, el tipo regresa a la mesa, no me mira, se limpia y se limpia las manos, con el pañuelo, post grados de situaciones difíciles las que cursan los médicos, buenos embajadores si se tratara de declarar guerras: está mal, tiene metástasis, tumoraciones secundarias, en médula, mediastino, no se puede hacer nada, lo miro, miro a la mesa, granos de arroz sobre ella, relucientes, al borde un cúmulo de mezcla rojiza, a este tampoco le funciona el oxígeno, ni los tubos, los médicos son tan mierdas como el oxígeno, a hospitales y cementerios los rige el mismo ministro, nitrógeno y helio puros, ¿se va a morir?, él que asiente, con la cabeza y una mueca rara, un apretar de labios, ¿cuándo?, ni Dios, aseguró, podía responderme eso, contó con los dedos: un mes, quizá dos, eso y la mueca rara, Dios no contaría con los dedos, mas tampoco a Dios le servía el oxígeno, ni los tubos, mal médico lo es también él, un mierda, un troglodita, habrá falsificado su certificado en cualquier barrio, lo habrá comprado; con dinero aquí puede comprarse cualquier cosa, con  dinero lo único que se resiste a compras es la vida de Willy, money cant buy the love, cantaba mi madre, yo era niña, quizá eso fuera así cuando ella lo cantaba, cuando los Beatles, ahora el sentimiento es deficitario, no hay sentimiento y Willy a duras penas respira acostado en esa cama y yo pregunto cuándo va a morirse, así, tranquila lo pregunto, y él que cuenta con los dedos, y aprieta los labios y me mira y dice lo siento mucho, Dios también en déficit, yo me iré a París y Willy se morirá de un tumor, un Pancoast, quiero preguntar dónde coño está ese mediastino que jamás he escuchado de él, dentro de mí hay un sitio llamado mediastino, un sitio del que nada sé, un sitio donde Willy tiene un tumor, le estamos atendiendo con todo lo necesario pero es un caso terminal, así ha recitado, con mayor fluidez que un notario el código de familia, los conyugues se ayudarán y jamás tendrán un tumor en sitio alguno, y Willy ahí, yerto, todavía respirante, Willy que todavía no ha sido el conyugue de nadie, quiero saber si puedo verlo, ahora está dormido, lo hemos estado medicando… para evitar el dolor, aclara, Willy tiene dolor, yo me iré a Paris y Willy tendrá cada vez más dolor, yo caminaré una tarde por Champs-Élysées y a Willy le reventará el pobrecito mediastino, me sentaré una tarde en la Plaza de la Bastilla y a él le llorará la médula, doctora Liudmila, doctora Liudmila, presentarse en Neumología, me paro, doy las gracias a Ruslam, a Ruslam que correrá a Neumología a hacer el trabajo de una Liudmila que no aparece, me he sentado junto a la cama, el clásico sillón de cuerdas de nylon, aliso los pliegues de la sábana, los aliso como si de ello dependiera poner al Pancoast en fuga, hacerlo retornar al país de los tumores, dejar el mediastino sano, la médula óptima, el pene normal, no voy a despertarlo, no quiero, sobre la taquilla un libro, quiero saber cuál será el último libro que leerá Willy, Auguste Renoir, se lee en la carátula, la biografía de Renoir, poco sé yo de Renoir; he visto reproducciones de sus desnudos, alguna vez escuché de su artrosis; tanto lo invadió que se ataba un pincel al brazo para continuar pintando, no recuerdo si fue él o Monet o Manet quien todo el tiempo estuvo haciendo bocetos del rostro de la madre moribunda; la madre se moría y él garabateaba bocetos, tendría libretas y libretas de bocetos, como el Flaco, tal vez el Flaco suba y le haga un boceto a Willy, o dos, el Willy muriéndose y el Flaco con sus bocetos, si Renoir hizo eso pudo ser un genio pero fue un mal hijo, no se es buen hijo, y buen amante, y buen padre, y buen amigo y además un genio; no, señor, sé es genio y los demás que se empachen, que se apachurren, que los joda el nitrógeno, que los ataque un Pancoast, tal vez la madre de Renoir se moría de un tumor, del misterioso mediastino, miro a Willy, lo hemos estado medicando, así había dicho Ruslám, a veces desearía dormir así, sin médula, sin mediastino, que me mediquen un rato, olvidar el inmenso Pancoast que corroe al mundo, ignoro cómo podrá dormir con esa aguja que penetra la mano, el líquido amarillo que corre debajo de su piel, miro la aguja y las manos me duelen en el mismo sitio, una mierda la medicina, hace sufrir y no salva a nadie, vigilo el goteo, quince por minuto, indica el pomo, líquido amarillo que no sirve más que para anotar en algún sitio, dejar debida constancia, constatar que algo se hace, hay otros pacientes en la sala, todos duermen, quién sabe si también dolor, si  medicados, si mediastinos, si tumores les traicionen, médulas se les rebelen, y Pancoast les medren, quién sabe si penes pequeñitos, ninguno, sin embargo, leerá a Renoir, no conocen a Willy, no han sido sus amigos, le acompañarán no obstante más de lo que yo podré hacerlo, yo que caminaré por París bajo esa nieve que Yoanna me envidia, la nieve que Willy no verá nunca; la mayoría acá morimos sin ver la nieve, y carajo, la nieve es agua congelada, agua, siempre me molestó eso, y ahora que me voy tengo la seguridad de que no hace falta ver la mierdera nieve para vivir, la nieve es como Dios; una farsa, Dios es agua congelada, o vapor de agua, eso, la nieve es agua congelada y Dios vapor de agua, mira, Willy, no tengo deseos de irme a Francia, no tengo, me voy a sentir muy sola, soy retrasada para los idiomas; el franchute no me saldrá, ni siquiera sé si volveré a trabajar un lienzo, si esto de la pintura no haya resultado una etapa, como la medalla de mi florete a mis doce años, quién sabe si los pinceles queden colgados en mi cuarto como cuelga un florete, un florete con tumor en mediastino, oxidado, no quiero ir, no quiero, y es que, mira, Willy, no sé, son raros los franceses, circunspectos, muy franceses ellos, siempre quise irme y ahora que me voy no quiero, tengo miedo, y dudas, pero sobre todo miedo, los humanos no podemos bañarnos y dejar correr el miedo abajo como la suciedad, el jabón no puede contra el miedo, tal vez Yoanna tenga razón; alguien se equivocó al otorgarme esa beca, todo eso le cuento al Willy, y él ahí, lejano, sordo, medicado, con esa respiración tan rara, protegido del dolor detrás de ese velo, ese manto de líquido amarillo, deseo despertarlo, pedirle consejo, consejo a él que se muere, gritaría que soy una estúpida, puede que el grito, como el pene, como el cuerpo, se le haya hecho pequeñito, Willy que ahora se mueve, contrae el rostro, gime, yo me paro y él aprieta los ojos, será el dolor que bailotea, se burla de la aguja, saca la lengua al líquido amarillo, Willy respira, distiende el gesto, cierro los ojos, Willy de pene pequeñito, no sufras, cambiaría todos los París de la galaxia por eso, todas las becas, todos los penes, le rozo la mano, lo miro, aliso otra vez las sábanas, desearía  saber rezar, compruebo el goteo del pomo, se va a morir y ni los médicos ni Dios, de nada serviría rezar, todo es igual de mediocre, todo es idéntica farsa, todos compraron su certificado, media hora para las ocho, ignoro si me alcanzará la voluntad para regresar acá, regresar antes de irme, quiero besarlo, en la frente, pero temo despertarlo, traerlo de regreso al dolor, a este lado donde él tiene un tumor y yo me voy a París, desde algún lugar, agazapado, me hace guiños el Pancoats, me saca la lengua la señorita médula que toma de la mano al caballero mediastino, lo miro por última vez y quedo allí, alisando aquella sabana, llorando un rato, ya en el elevador pienso que tal vez Willy pueda salvarse, algún laboratorio suizo encontrará un elixir, una pócima, una vacuna, qué sé yo, algo, cualquier brebaje, y le crecerá el pene, será el mayor pene de la joven plástica cubana, y al año próximo Willy ganará una beca, llegará a París, lo esperaré en el aeropuerto, Orly o Charles de Gaulle, será igual, pintaremos juntos a la orilla del Sena, pagaremos un piso bien barato en la rue Honoré de Balzac, pondremos una bandera, cubana, desde luego, un afiche del Morro, una reproducción de Ponce, un boceto de Martí, y a él sí que le saldrá de maravillas el francés, comme un frére, única frase que sé en francés, la aprendí para venir acá, para decirla ante Willy, sí, como un hermano el Willy, y el mediastino tranquilo, azul, contento de París y sus franceses, y la médula azul que será un primor, y Monsieur Pancoats será un marchand, un tipo con dinero que comprará todas las telas de Willy, de Willy que no pintará más falos que lo salven, y no estaré yo tan sola, no se morirá Willy, viajaremos a Auvers; al sitio donde el pobre Van Gogh se pegó el tiro, y no habrá trigal, habrá un Mall, y nos daremos las manos allí para gritar: nos cagamos en sus reputísimas madres, cabrones, y es que debería uno hacer al mundo a su estilo, pincel y mucho óleo, muchos colores primarios, no se habría lavado las manos entonces Pilatos, no sería Yoanna como es, Fernan el novio de otra, el Flaco no estaría ahora mismo hojeando su cuaderno de bocetos mientras Yoanna corre a saludarme, y Fernan dice: siglos que no te veíamos, yo que los miro, ¿cuándo te vas?, quiere saber Yoanna, en doce días, ¿y la visa?, ya está la visa, ¿qué te dijeron en la embajada?, todo bien en la embajada, ¿quieres que mi papá te lleve al aeropuerto?, yo que voy a vomitar antes de alcanzar a decir: tengo quien me lleve, Fernan que me ofrece un trozo de pizza, lo rechazo, si te envidiara algo sería ver la nieve, y claro, habló Yoanna, fan a la nieve, frígida, hibernada, juguetona al bajo cero, al agua congelada, le mandaré diez centímetros cúbicos en una caja, vuelo de Air France, el Flaco está otra vez manos sobre la cabeza, ese gesto nuevo, a Fernan le brilla la grasa en el labio inferior, Willy va a morirse, digo, todos me miran, el Flaco enreda más las manos, Yoanna mira al suelo, tiene un Pancoats, un tumor en la médula y otro en el mediastino, todo eso digo, Fernan quiere saber qué cosa es el mediastino, hago el típico gesto de ignorancia con los hombros: qué sé yo, el Willy estaba bien hace un mes, dicen a coro, y yo que no puede haber perdido la mitad del cuerpo en ese tiempo, respirar así como a saltos, respirar y esos estertores, no puede, estaba bien, estaba bien, repiten todos, ¿qué tiempo le queda?, quiere saber Yoanna, y yo que ni Dios lo sabe y todos miran abajo, manos sobre la cabeza el Flaco, Yoanna se toca y retoca los ojos y no puedo creer que esté llorando, me preguntan si no voy a subir a la visita, no, ya estuve un rato con él, está dormido, no lo despierten, el dolor, aclaro, está mejor dormido, Yoanna que abraza a Fernan, y quién lo iba a decir, Yoanna llorando, el Flaco me mira, ojalá no se le ocurra abrazarme; odio que me abracen, me voy, aviso, todos me despiden, volveré por acá todos los días, acá nos vemos, besos, los veo entrar en el torrente de la visita, el Flaco todavía manos sobre la cabeza, Yoanna que camina abrazada a Fernan, allá una vieja llora en el hombro de un viejo, un médico sentado afuera, fuma, me acerco, quiero que me diga dónde carajo está el mediastino, sonríe, alcanzo a entender que cercano a los pulmones, difícil la medicina, le agradezco al hombre, los árboles de la avenida no tienen mediastino, ni médula, tampoco sufrirán tumores, no serán medicados ni beneficiarios de becas en París, no tendrán el pene pequeñito, los árboles están ahí y mecen su miedo, todos tenemos miedo, felices los árboles, en la esquina está esperándome Charles, y entonces recuerdo; aún no sabe que me voy a París, sitio grande y lejano y otra vez grande, como escribiera Vallejo, ¿cómo está tu amigo?, pregunta, se va a morir, digo, ¿tú sabes lo que es el mediastino?, no, no sé, ¿qué es?, otro detalle que Charles no sabe, otro que lo ignora todo del mediastino, que sin saberlo puede tener un Pancoast, y yo que me voy a París, que no quiero irme, que le explico, con voz tenue: el mediastino es algo cercano a los pulmones, mira tú, se asombra Charles, el mediastino, jamás había escuchado esa palabra, cariñoso me besa, en la mejilla, siento mucho lo de tu amigo, dice, y entonces me decido, alguna vez tendrá que saberlo, no será en el aeropuerto, morada una sola vez, el Willy se va a morir, yo llevaré mi mediastino a París, todo eso pienso mientras explico que debo anunciarle algo, Charles mira los árboles, los árboles húmedos de miedo, meciéndose los árboles, se ha impresionado con eso de que Willy se muere, se sentirá en el deber de consolarme, me va a abrazar, intuyo, y claro, me abraza mientras yo anuncio que debo decirle algo y él dice bueno, qué.