El Hidalgo Quijote Don Mancha del Ingenioso

El Quijote sonríe por primera vez en mucho tiempo. Sancho se aterra porque sabe que, al final, su amo está loco. Rocinante se resiste a seguir.
—¿Acaso había visto algo tan hermoso, Sancho?
El escudero está mudo.
—¡Mire los molinos, Sancho, mire los molinos! ¡Cada vez están más cerca!
Sancho huye, Rocinante enloquece, pero el Quijote no entiende qué hay de malo en tanta belleza. Los gigantes, sin inmutarse siquiera, siguen su camino.

 

La persistencia del oro

Pa´, ¿quién es el tipo que nos mira con rabia desde el otro lado del río?, pregunta el muchacho con ganas de dar pelea al desconocido. Idelfonso Gómez, que anda buscando oro después de muerto, responde su padre sin aflojar el paso. El pobre no sabe que en Cáceres hace rato se acabó el oro, agrega antes de adentrarse en la montaña. ¿Y cómo es que sigue buscando si está muerto?, pregunta otra vez el muchacho asustado por esa manifestación sobrenatural que su padre tomaba tan a la ligera.

Isla de andros

Entro en una tiendecita cercana a la plaza del pueblo, fue abierta por un andro que se mudó a esta parte de la isla algunas semanas atrás.
—Buenos días, ¿en qué le puedo ayudar?
Miro alrededor, la tienda está llena de antigüedades y rarezas de todo tipo.
—Busco ojos.
—¿Para hacer adornos? Esta semana tenemos ofertas muy variadas.
—No. Soy un fabricante de animales y tengo un pedido para la próxima semana.
—¡Ah! Bueno, los ojos que tengo son de tamaño estándar, supongo que le sirvan para animales de tamaño medio y grande.

Era solo un juego

¿Qué recuerdo? Bueno, recuerdo que fumaba mucho. Pero siempre después de hacer el amor, nunca antes. Entonces me sentía como en navidad, toda la familia reunida alrededor de una chimenea, pero sin las risas y el sentimiento de complicidad evocado por la nieve, y en este caso, éramos solo ella, mi gato y yo. Aunque eso es mentira, yo nunca tuve chimenea ni nieve, pero es bonito pensar que podía haber sido. No sé si usted me entiende, pero estar junto a ella me hacía pensar, todo el tiempo. Aun puedo verla.

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