Vístase antes de que llegue su marido

“Hay que escuchar a las mujeres aunque estén hablando mierda”, aconsejaba mi padre y acatándolo he conseguido, en apenas 36 años de vida, que cuatro me creyeran apto para el matrimonio, otra veintena se embarcara conmigo en relaciones provisionales y unas setenta hembras más se me hayan entregado en cuerpo y alma así fuese por una noche. Y subrayo que de ninguna de ellas ha salido la decisión de plantarme; soy yo siempre (o casi, pues hubo una excepción) quien dice tunturuntu, hasta aquí mariposa y emprendo rumbo hacia la próxima rosa.

La reconcentración

No faltó por citar a ninguna mujer. Siempre existió algún valor destacable, si no era por su profesión era como madre, hija, esposa, o por ser buena amante.
Vestían las mejores joyas y vestidos, los polvos más caros, los zapatos más elegantes. Les otorgarían mejores puestos de trabajo, salarios y seguros. Cuidarían mejor su alimentación y salud. Había que respetar por fin los derechos de la mujer.
Pusieron una gran pantalla. Lo anunciarían a las cinco de la tarde.

Vida

Nació. Jugó. Preguntó. Creció. Descubrió. Estudió. Maduró. Soñó. Trabajó. Sembró. Blasfemó. Gozó. Buscó. Procreó. Mintió. Sumó. Sonrió. Amó. Educó. Molestó. Sufrió. Emigró. Sintió. Multiplicó. Deseó. Cuestionó. Observó. Agradeció. Odió. Prosperó. Decidió. Recogió. Regresó. Restó. Caducó. Traicionó. Lloró. Dividió. Legó. Enfermó. Murió.
Así de breve.

 

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