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23/ 04/ 14, Ciudad de La Habana, Cuba
El personaje que escribió un libro PDF Imprimir

Entrevista a Abel Fernández-Larrea
“Muchas de las historias son fabulaciones de experiencias personales. Cuando sucede algo, empiezo a pensar en las posibilidades que no se cumplen, en lo que pudo haber sucedido, y eso va construyendo una historia paralela. Eso más o menos lo hice con Absolut Röntgen, en buena medida tiene algo de autobiográfico este libro, y por supuesto una autobiografía mía no puede evitar estos ambientes, porque yo crecí con eso. Me llegó por múltiples vías la influencia rusa, la historia rusa”.
Justo Planas
Tomado de: AHS
12 de marzo de 2012

Los cuentos de Abel Fernández-Larrea son evidencia clara de su respeto por la palabra exacta, de su convicción de que no existen dos formas para definir una misma expresión... al menos eso creo. Cuando se conversa con él, uno también se lleva esa idea. Fernández-Larra no habla: siembra las palabras como si de árboles milenarios se trataran, como si fuera creando un bosque propio en el camino de su discurso. En compensación por su diálogo un tanto dilatado, ofrece el tesoro de oraciones muy bien construidas y precisas. Escucharlo es casi leer.

El libro de cuentos que presentaste en la Feria, ganador de la Beca de Creación Caballo de Coral, del Centro Onelio Jorge Cardoso me pareció muy similar a la literatura decadentista rusa. La atmósfera y los personajes me resultaron muy propios de ciertos autores como Dostoievski, incluso el estilo parece una traducción al español del ruso. ¿Existe alguna afinidad con esos escritores?

Está escrito en español y por tanto no emula directamente el estilo de esos autores, pero traté de acercarlo a sus traducciones, a las mejorcillas... Sí, empecé a leer a Dostoievski cuando tenía 15 años y me golpeó bastante. Chejov también me impactó mucho, puede que haya algún eco de él en los cuentos. Y después Bulgakov, y los escritores de la Revolución Rusa, que también me gustan. Tengo una deuda con ellos y todo eso traté de plasmarlo en este libro, Absolut Röntgen.

Muchas de las historias son fabulaciones de experiencias personales. Cuando sucede algo, empiezo a pensar en las posibilidades que no se cumplen, en lo que pudo haber sucedido, y eso va construyendo una historia paralela. Eso más o menos lo hice con Absolut Röntgen, en buena medida tiene algo de autobiográfico este libro, y por supuesto una autobiografía mía no puede evitar estos ambientes, porque yo crecí con eso. Me llegó por múltiples vías la influencia rusa, la historia rusa.

¿Cómo crees que se inserta este libro dentro de lo que crea tu generación de escritores?

No me identifico mucho con mi generación, o al menos con esa generación a la que te refieres, los más contemporáneos. Tenemos perspectivas y gustos diferentes, podría decir que hasta sistemas de ideas diferentes. He leído a mis contemporáneos, pero como de soslayo, de pasada, no creo que hayan dejado demasiada huella en mí, ni que dialogue demasiado con ellos. No estoy, por supuesto, exento de alguna influencia o incluso sustrato común...

Como profesor de letras la Universidad de La Habana, ¿podrías decirme cuáles son las fortalezas e insuficiencias que tiene la nueva generación de críticos, humanistas y escritores cubanos?

Es un tema de conversación en el que me he visto envuelto por estos tiempos con frecuencia. Es una preocupación manifiesta de varios amigos y voy a decirte lo mismo que les he dicho a ellos: me parece que las nuevas generaciones cubanas en su mayoría tienen un déficit de referentes muy fuerte. Hay muchos símbolos, imágenes, temas que no pueden comprender, sencillamente porque carecen de los referentes que les corresponden, no conocen la historia que hay detrás de esos elementos y a veces no saben ni siquiera que existen. Es el resultado de una cultura englobalizadora que se ha perdido, aunque no es solo un problema nacional, sobre todo debido a la especialización, que por fuerza implica omitir otras esferas del conocimiento. Existen, por ejemplo, escritores cubanos como Carpentier, como Lezama Lima, que actualmente son muy reconocidos, pero a la vez muy incomprendidos tanto por la crítica como por los mismos creadores. Son autores que se han convertido en exponentes de una lectura difícil porque tienen una riqueza referencial muy basta, muy enrevesada, con una estructura bastante compleja. Las nuevas generaciones se pierden en ese océano.

Puede ser la edad, ¿no?

No creo que sea la edad. Porque esos dos personajes que te mencioné, a la edad de los nuevos críticos y escritores cubanos ya dominaban un considerable por ciento de ese patrimonio referencial. La educación era por un lado más general, pero también más incisiva.

Era más humanística también. Ahora la formación es más tecnológica.

Creo que pasa eso. Una se ha perdido en detrimento de la otra, y la educación tecnológica es importante, pero no más que la humanística. Por mi experiencia como profesor, los alumnos de Comunicación no son iguales a los alumnos de Letras, pero tampoco están demasiado lejos. Los que entran en la Facultad de Artes y Letras se forman después a golpe de lectura, pero entran neófitos. La mayoría no conocen demasiado lo que les espera en la vida. Hay asignaturas que se han perdido, por ejemplo, los alumnos de Comunicación casi no reciben Filosofía.

¿No destaca ningún creador en la actual generación, alguien que sirva de referente al resto de los escritores jóvenes?

Ahora mismo pasa en Cuba lo que ocurre también a nivel global: que hay demasiada información y poco criterio de selección. Hay figuras que descuellan, no diría paradigmas porque eso lo establece la posteridad. Si por escritores joven consideras a los nacidos entre el 70 y el 80, pienso que hay algunos que se destacan por ciertas características que no tienen por qué estar relacionadas con la calidad de su literatura, sino por el empuje con que la tratan, porque desarrollan un estilo muy particular. Podría mencionarte a Ahmel Echevarría, Orlando Luis Pardo Lazo me parece que es un exponente aunque ahora mismo esté en la sombra, me parece que incluso Raúl Flores es de algún modo un paradigma porque tiene muchos seguidores; Jorge Enrique Lage, Ana Lidia Vega Seroga aunque ya se aleja del límite de la literatura joven, Anisley Negrín...

¿Qué te motiva a participar en la Beca de Creación de Novela Fronesis de la Asociación Hermanos Saíz?

Fue una coincidencia que llegara la convocatoria del Fronesis en el momento en el que estaba ocupándome de la novela. Por lo tanto, tuve solo que imprimir una parte, elaborar el proyecto y llevarlo. Lo considero un premio importante. Estaba hablando hace unos días sobre la cantidad de premios que tiene la AHS, me parece que es muy bueno, creo que necesitan más promoción, pero el hecho de que contemple diferentes secciones, manifestaciones, incluso subgéneros dentro de una misma manifestación es muy positivo. También el nombre me llamó la atención, Fronesis: un personaje de Paradiso.

A pesar de que tengo otros manuscritos que quizás debería priorizar, esta novela me interesaba sobre todo porque tiene una relación muy especial con Absolut Röntgen, es una especie de continuación. Porque cuando hice el proyecto de estos cuentos mi intención inicial fue publicarlos bajo otro nombre, ni siquiera un seudónimo, sino un heterónimo, otra personalidad completamente diferente. Y entonces creé al autor, le hice una vida, un currículo que lo llevaría a escribir este libro. Por supuesto, la editorial Cajachina no me permitió publicarlo con ese nombre y mucho menos con esa biografía. Ellos incluso podían entender el seudónimo, pero para mí la publicación debía incluir la biografía de ese personaje-autor.

Entonces me di cuenta de que necesitaba escribir la historia de aquel hombre. Así surgió la idea de una novela, que pudo ser un cuento más de Absolut Röntgen, solo que ahora no forma parte de él y se ha vuelto algo más extenso que un cuento.

El Premio Fronesis implica un compromiso doble, recíproco. La AHS se compromete al final de la Beca a gestionar el libro con una editorial, pero eso me obliga además a mí a terminarlo. Esa presión también me era necesaria, me fuerza a darle el acabado que necesita.

Y ¿qué sucede en esta novela?

El personaje se desenvuelve en Moscú. Es una especie de bildungsroman o novela de crecimiento. Comienza cuando al personaje lo ingresan en una clínica para adolescentes con problemas sociales o psicológicos y ese momento coincide con el final de la URSS. Por lo tanto es el fin de la inocencia para este personaje que de pronto se ve abandonado y expuesto a una realidad que no era la que conocía a nivel personal, pero también a nivel nacional, cultural. Coinciden ambas cosas. Es el paso de la niñez a la adolescencia, la pérdida de la ingenuidad, y a la vez la búsqueda de una identidad nueva. No creo que te pueda adelantar mucho más de las peripecias de este muchacho, que más tarde lo llevan a escribir este otro libro, Absolut Röntgen. La historia no llega hasta ese momento, pero de algún modo incluyo pistas para descubrir a Absolut Röntgen.

 
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