El polaco

Le pegamos hasta cansarnos, pero el pájaro no echó sangre. Lo dejamos tirado en la calle. Todavía se movía y se quejaba. Así aprende a respetar a los hombres, dijo Diego. Y yo dije que sí, que así aprendería a respetar a los hombres. Diego me abrazó y nos fuimos para el parque a joder un poco. El parque estaba rico. Nos sentamos en un banco, a meternos con las niñas. Al rato le pregunté a Diego, tú crees que tengamos problemas. No, y me pasó la botella. Así es Diego desde chiquito, como un hermano. Pero el pájaro no echó sangre.

Páginas