El grito de Eduardo

Hay un hombre con los codos apoyados en el pretil de un puente, observa el agua temblorosa. Temblorosa tal vez de frío, o por las gabarras navegantes, tal vez debido al movimiento de los peces clarias en el fondo. Eso depende. Si se trata de los fiordos de Noruega, sería por el frío; si fuera el Sena, entonces se podría culpar a las gabarras; y si se tratara de un río cubano, probablemente serían clarias nadando. Pero lo más importante no es eso, sino el hombre.

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