El vuelo de la armonía

Edgar pudo refugiarse con movimientos rápidos en una de las trincheras.
—¡Nos están aniquilando! —Teddy se echó de bruces.
—¡Sí! Tienes que ayudarme.
El sibilante graznido de los proyectiles, la metralla, las vibraciones demoledoras del canto de la Bestia, completaban el espíritu de la escena.
—Tengo un plan “B” para salir de esto —arguyó Edgar tragando el humo del cigarrillo—. Pon atención, coge las dos bocinas y a mi voz las levantas en alto.
—Ya las tengo —balbuceó Teddy—. Pásame otra yerba y el brandy.

Los generales

Cuenta la Historia que el general cruzó al fin las murallas de la ciudad. Que tras él entró enardecida la tropa, que los habitantes los recibieron con atónito servilismo y él plantó el estandarte en medio de la plaza pública. Hoy yo he matado a un hombre del montón. Lo he visto desangrarse en la acera, he visto sus ojos abiertos aferrándose al último mendrugo de vida. Enfundo el puñal que bien pudiera ser sable lustroso, y pienso: Yo también.

El reloj

Yo vivo en un sitio  muy especial. Es el único lugar de Cuba donde cae nieve en invierno y los dependientes son siempre amables. Todo gracias a los Cuentos. Sí, además de personas y animales, en mi Ciudad viven Cuentos. Es culpa de ellos que todo sea tan loco por aquí, y que a veces pasen cosas tan extrañas como cuando se detuvo el tiempo. En el centro de nuestra plaza hay un enorme Reloj de Arena. Según el maestro de historia, el fundador lo construyó primero, y alrededor suyo hizo todo lo demás.

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