Apuntes sobre poetas (III)

Durante años, explorando y gustando la misteriosa poesía cubana, he tocado los versos de hombres y mujeres de este país que han soñado con construir los invisibles edificios de la comunicación lírica. Hombres y mujeres de todas las edades, con destinos ya cerrados o que apenas germinan, orientados a los más sinfónicos pareceres, y he comprendido la grandeza de esta vocación y su arrasador compromiso con la existencia individual y colectiva.
Por: Roberto Manzano
Tomado de: Cubaliteraria
2 de diciembre de 2020

La vocación poética exige mucha voluntad. Con frecuencia solo pensamos en el talento cuando nos referimos al desarrollo de esta inclinación artística, y olvidamos el extraordinario papel que juega la voluntad en la realización de estas disposiciones y sueños. Sin voluntad acerada no hay ni formación legítima del gusto, ni cuajado natural de las facultades expresivas, ni ejecución verdaderamente terminada, ni destino que pueda ofrecer materializaciones dignas.

El arte tiene sus héroes y sus mártires. Culminar con decoro una sólida entrega subjetiva para la comunicación social es una hazaña indudable, tan grande como construir una basílica en medio de una ciudad poblada. La cultura es una ciudad simbólica, una polis evanescente, y el poeta es un sujeto de cultura que ha de poseer un sentido arquitectónico a prueba de balas, de absurdas incomprensiones, de irracionales desdenes, de olvidos y fracasos demoledores. Si no hay voluntad, además de talento, no se puede colocar ni una sola piedra de esa rara basílica.

Durante años, explorando y gustando la misteriosa poesía cubana, he tocado los versos de hombres y mujeres de este país que han soñado con construir los invisibles edificios de la comunicación lírica. Hombres y mujeres de todas las edades, con destinos ya cerrados o que apenas germinan, orientados a los más sinfónicos pareceres, y he comprendido la grandeza de esta vocación y su arrasador compromiso con la existencia individual y colectiva. En diversos sitios, por plurales motivos, he ido dejando constancia de mis impresiones acerca de aquellos con los que he tenido la ventura de conocer y valorar sus versos.

LA CONTRAÍDA SORPRESA DE LA POESÍA

La poesía de Ketty Blanco Zaldívar es de una síntesis sorprendente en persona tan joven. No reduce lo que quiere expresar: no lo mutila, no lo suspende. Lo ciñe tan diestramente, que se conquista entonces una singular eficacia. La compresión de sus versos es concisión, no pobreza. José Martí decía que sintetizar es vigorizar. En sus poemas se cumple uno de los procedimientos básicos de todo arte: la elipsis. La elipsis es la clave de la sugerencia. Es quitar para poner. En sus versos lo dicho no es más que el zócalo del obelisco. Pero el obelisco no falta, como una indudable sugerencia del zócalo. Ketty Blanco cree en que la poesía lírica es la comunicación económica de un raro estado del espíritu, y solo trasvasa hacia la página