Corro, luego escribo

Versión para imprimirVersión en PDF

Haruki Murakami
“De vez en cuando llegan a mis oídos historias de amistad entre escritores. Entonces no puedo evitar pensar que solo se trata de cuentos chinos. Tal vez ocurra durante un tiempo, pero no creo que una amistad verdadera entre personas así pueda durar mucho tiempo. En esencia, los escritores somos seres egoístas, generalmente orgullosos y competitivos.”
Por: José Martínez Ros
Tomado de: Notodo.com
15 de mayo de 2017

“La mayoría de los escritores (calculo que alrededor del noventa y dos por ciento), y me incluyo a mí mismo, pensamos “lo que yo hago o escribo es lo correcto. Salvo unas pocas excepciones, los demás se equivocan, ya sea en mayor o menos medida”. Vivimos condicionados por ese pensamiento por mucho que no nos atrevamos a decirlo en voz alta. Aunque nos expresemos con cierta modestia, dudo que a mucha  gente le gustara tener como amigo o como vecino alguien así. De vez en cuando llegan a mis oídos historias de amistad entre escritores. Entonces no puedo evitar pensar que solo se trata de cuentos chinos. Tal vez ocurra durante un tiempo, pero no creo que una amistad verdadera entre personas así pueda durar mucho tiempo. En esencia, los escritores somos seres egoístas, generalmente orgullosos y competitivos. Una fuerte rivalidad nos espolea día y noche. Si se reúne un grupo de escritores, seguro que se dan más casos de antipatía que de lo contrario”

Este párrafo define a la perfección la voz narrativa del autor de este libro: cordial, afable, de una sinceridad desarmante. De qué hablo cuando hablo de escribir es, por supuesto, una consecuencia lógica de De qué hablo cuando hablo de correr, otro ameno ensayo en el que, a partir de sus experiencias con el atletismo, escribía lo más parecido a una autobiografía que podemos leer de un autor tan elusivo y reservado.

Ahora Murakami nos habla de su ya dilatada obra literaria, compartiendo en el camino unas pequeñas verdades fundamentales sobre  la literatura, sobre la imaginación, sobre los premios literarios y sobre la figura del escritor. Además, aporta ideas y sugerencias para todos los que se han enfrentado en alguna ocasión al reto de escribir: ¿qué narrar?, ¿cómo preparar una trama?, ¿qué rituales sigue él mismo antes de ponerse ante la página en blanco?

Mientras, con el mismo tono sereno, nos cuenta el discurrir de su exitosa carrera, que comenzó en un estadio de béisbol. Es una historia ya famosa. En 1978, Haruki Murakami a punto de cumplir la treintena, después de desempeñar distintos oficios, regentaba un club de jazz. Un domingo se encontraba en el estadio tokiota de Jingu, para ver un partido de béisbol entre los Yakult Swallows y los Hiroshima Carp. Cuando un jugador estadounidense, Dave Hilton, se disponía a batear, Murakami sufrió una repentina iluminación, una epifanía. Hasta ese momento era un lector voraz, pero nunca se le había ocurrido escribir ficción. En aquel instante decidió que iba a escribir una novela.

En diez meses escribiendo de madrugada tras regresar de su trabajo en el club, terminó una novela corta: Escucha la canción del viento. La envió sin demasiadas esperanzas al único certamen literario que aceptaba obras de esa longitud y ganó el primer premio. Ese éxito lo animó a continuar escribiendo. Un año después publicó otra novela corta, Pinball 1973. Estas dos novelas cortas serían consideradas, más tarde, las dos primeras partes de la llamada “Trilogía de la Rata” (o del “Ratón”, dependiendo de la traducción) y narraban la adolescencia y juventud a lo largo de los setenta de dos amigos, un narrador del que nunca se dice el nombre y “el Ratón”, que buscaban su lugar en el mundo, con un marcado tono existencial. Esas obras, que solo muy recientemente han sido editadas en español, fueron el Big Bang del que surgió todo el Universo Murakami.

Un universo que, por fortuna para sus lectores, se sigue expandiendo: este año se ha publicado en Japón en dos volúmenes, por su extensión, una nueva novela, Killing Commendatore. Con toda probabilidad, el próximo año estará en las librerías españolas.

“Se podría considerar este libro como una especie de ensayo autobiográfico, aunque no lo escribí con esa idea. Mi objetivo era ceñirme lo máximo posible a la realidad para explicar las distintas fases por las que he pasado hasta llegar al lugar donde me encuentro hoy en día, cómo ha sido mi camino de escritor. Escribir novelas implica expresar cosas que uno lleva dentro, por lo que una vez que se empieza a hablar del oficio en concreto, es irremediable hablar de uno mismo”.