Eldys Baratute: «Todo está en la mente de los lectores»

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“El héroe cubano lamentablemente se ha convertido en una frase hecha, en una figura demasiado distante del niño, sobre todo por la forma en que se lo mostramos en las aulas. Y estamos en un momento en el que nuestros niños necesitan de nuestros héroes. Por eso mi insistencia en darles un poco de humanidad, de emoción, de mostrarlos empáticos, sensibles, con una infancia como otra cualquiera.”
Por: Elaine Vilar Madruga
Tomado de: AHS
4 de diciembre de 2020

Es una persona entrañable. Y, además, uno de los escritores más prolíferos y maravillosos de nuestra pequeña isla literaria. Eldys Baratute sabe que su camino está señalado por la palabra escrita, por su zozobra y su felicidad infinitas, y es fiel a este viaje. La niña que soy, la niña que fui, lo acompaña. Esa misma niña curiosa que hoy le hace estas preguntas…

En tus obras existe, a modo de guiños hacia tus lectores, el trabajo con referentes que provienen del mundo de la Historia, la música, el cine, el arte en general. ¿Hasta qué punto te interesa la investigación de estos referentes y cuál es el papel que le concedes a la investigación a la hora de escribir literatura infantil y juvenil (LIJ)?

Respeto mucho la tradición de literatura para niños, adolescentes y jóvenes que existe en el mundo, e incluso en Cuba; por eso creo que cada tema a tratar, cada libro que se escriba, no importa del género que sea, lleva, primero, una necesidad real del autor de mostrar su verdad y, segundo, una profunda investigación para brindar todas las aristas posibles y que el lector puede tener su propia lectura. Para eso es imprescindible conocer los referentes, el contexto, los antecedentes y tener clara la caracterización psicológica de los personajes.

Yo, además, soy un autor muy referencial, trato de mostrar a los lectores elementos de arte, la literatura, la Historia. Que se queden con lo emotivo de la historia y que además incorporen a su vida ese otro conocimiento que fue importante para mi formación estética. Es una especie de regalo que les hago a los lectores. Aunque siempre trato de que ese referente no sea impuesto, sino que el lector se sorprenda al descubrirlo.

Eres, sin dudas, uno de los más queridos y grandes autores en cuanto a materia de LIJ en Cuba se refiere. Y todo eso siendo, además, un autor con mucha juventud biológica por delante. ¿De qué manera vives tu papel como escritor, antologador y crítico, teniendo el conocimiento que tu literatura es ya un referente para otros creadores?

Tú definitivamente me quieres. En otra reencarnación seríamos novios. ¿Querido? Solo por la familia, los amigos y algunos lectores. ¿Grande? Nooooo. Cada vez que leo a Nersys, a Onelio, a Eliseo, me doy cuenta de que nada de lo que haga podrá superarlos. A ver, Ela, yo fui un autor precoz, quizás un poco como tú, publiqué mi primer libro con 22 años más o menos y esa precocidad me ha hecho tener una carrera acelerada, con libros valiosos y otros menos valiosos.

Quince años después de aquel primer libro te aseguro que no todo lo que he publicado tiene el valor que quisiera. Aunque también reconozco que hay algunos que me han dejado muy complacidos. Mi trabajo como antologador nace de la necesidad de promover la obra de los otros (tan imprescindible como hacer la mía); eso lo que me ha llevado también a hacer mi trabajo como crítico. Es complicado cuando además tienes que dedicarle parte de tu día a un trabajo de oficina o a promover la obra de creadores de otras manifestaciones que es básicamente lo que hecho en mi vida laboral, a hacer de jurado, lector especializado de algunas editoriales, ayudar en la labores domésticas y tratar de tener una vida.

Todo eso te obliga a planificarte mejor el tiempo. A prescindir de cosas para poder dedicarte a la literatura. Yo renuncié a mi profesión de médico, a tener una vida de viajes de un país a otro, de batas blancas y palabras rebuscadas, por la promoción del libro y la lectura porque creo que con lo que hago puedo ayudar a formar mejores hombres y mujeres. Así que tengo que mantenerme fiel a eso. ¿Me leen los más jóvenes que yo, los que comienzan? Eso me alegra, sobre todo si en esa lectura encuentran la fuerza para decir su verdad, para creerse que lo que hacen puede emocionar y cambiar el mundo. Si encuentran las ganas de hacerlo mejor que yo, entonces eso me alegra.

A la hora de construir la dramaturgia de tus propios libros, ¿cómo lo haces?

Soy muy metódico, organizado, creo que no podría ser poeta por eso. Me paso mucho tiempo pensando la historia, meses, a veces años. Y cuando siento que estoy preparado investigo mucho, muchísimo, paso horas leyendo, buscando información, construyo los personajes y después, al final, la historia. Desecho una y otra cuando no siento que serán suficientes para ese personaje que las espera. No dejo de pensar en la historia que mis personajes necesitan (a veces cuando me baño, cuando miro la tv, cuando desayuno) hasta que se me ocurre esa que le pertenece a esos personajes.

Tu trabajo con los personajes, tanto los que provienen de tus mundos ficcionales como aquellos que rescatas de nuestra tradición histórica, es enorme. ¿Cómo armas sus vivencias y experiencias?, ¿qué te preocupa a la hora de pensar en ellos?

Me gusta construir personajes, darles vida, carne, que parezcan reales, que sean verosímiles, que los lectores sientan que son sus amigos, que comparten sus vidas. Mientras más humanos hacemos a los personajes, más posibilidad tenemos de que la historia sea creíble. Y yo necesito que se crean lo que estoy contando.

No eres el único escritor de tu familia. ¿Cómo se combina tu trabajo creativo con el de tu pareja?

Bueno… tratamos de mantener los espacios de creación separados dentro de la casa, como islas que se acercan y se alejan dentro del mar. Hay muchas otras cosas, más domésticas que compartimos. Mis libros siempre se los doy a revisar a Raúl, es mi primer editor y yo a veces reviso sus textos, pero mientras estamos creando tratamos de no inmiscuirnos uno con el otro. Ah, eso sí, si volviera a nacer no viviría con ningún escritor. Es complicado distribuir las tareas domésticas. Y cuando a los dos nos da por escribir no hay quien cocine en la casa.

Desde hace ya buen tiempo te interesa el trabajo y el rescate de nuestros referentes históricos nacionales, fundamentalmente la figura del héroe cubano, del mambí y de aquellos otros personajes, a veces sin nombre u olvidados, que acompañaron a los héroes. ¿Por qué? ¿Crees que los niños lectores de nuestro país se han acostumbrado a un modelo de héroes que nada tiene que ver con nuestras tradiciones? ¿Hasta qué punto hemos permitido los escritores que ciertos temas históricos, tal vez aquellos más enraizados a nuestros orígenes como nación, hayan sido relegados?

El héroe cubano lamentablemente se ha convertido en una frase hecha, en una figura demasiado distante del niño, sobre todo por la forma en que se lo mostramos en las aulas. Y estamos en un momento en el que nuestros niños necesitan de nuestros héroes. Por eso mi insistencia en darles un poco de humanidad, de emoción, de mostrarlos empáticos, sensibles, con una infancia como otra cualquiera. Si logramos que nuestros niños vean a los personajes de nuestra épica como seres de carne y hueso, entonces estaríamos evitando que buscaran sus referentes en súper héroes enlatados, foráneos, que poco podrán aportarle a su formación como seres humanos. Ahora, para eso debemos romper esquemas, tradiciones empantanadas y mostrar a esos hombres capaces de amar, de equivocarse, de ser valientes y al mismo tiempo tener miedos como, definitivamente, son los hombres.

Y sería incapaz de pensar que somos los autores los culpables de ese alejamiento entre el niño y el héroe de nuestras gestas independentistas. A los escritores nos cuesta hacerlo porque este trabajo llega investigación, lecturas, viajes interminables detrás de la historia, cotejar fuentes, entrevistar personas, pero de todas formas el problema es mucho más grande. Deben unirse muchos para revertir lo que está pasando.

Tu literatura es polémica y polisémica, y creo que esas condiciones hablan bien de la calidad de tus textos. Como escritor, ¿te molesta que en la sociedad cubana y/o en el espíritu de muchos lectores existan aún trazas que condenan como tabúes a temas que deberían ya ser entendidos como normales o comunes?

Todo está en la mente de los lectores. En su capacidad de desgranar lo que digo, lo que pretendo decir, en sus maneras de asumir este o aquella historia con prejuicios o con respeto. Si los lectores reaccionan, de la forma que sea, ya me siento complacido. No puedo pretender que todo el mundo piense igual, que la sociedad cambie de un día para otro, de que una tradición de siglos de prejuicios y exclusión desaparezca como por arte de magia. Yo escribo sobre el respeto y la inclusión, y para eso debo partir del respeto al que no le interesa la inclusión. Si con cada uno de mis libros logro transformar a un lector, un solo lector, entonces estaré haciendo algo válido.

Para ti, ¿existe aún algún tema tabú en cuanto a materia literaria se trata?

Si te dijera que hay temas tabúes estaría traicionándome a mí mismo. El tabú está en la mente de los seres humanos, en su formación, en su historia de vida, en su incapacidad de ver más allá de lo que le han obligado a ver.

¿Crees en la autocensura?

Claro, el miedo existe y la autocensura nace a causa del miedo. Yo trato de no tener ni uno ni lo otro, pero a veces también temo, como Virgilio.

¿Cuál es el papel del escritor en el mundo tan caótico que nos rodea?

Emocionar, si le arrancas una pizca de emoción al lector, entonces lo estás obligando a aferrarse a su humanidad.

La crisis de valores en los que vive no solo la sociedad cubana, sino el mundo entero, ¿influye en la literatura, en los modos en los que la producimos, la entendemos y consumimos?

El mundo con crisis o sin ella influye en la percepción que podamos tener los autores, pensar de que somos seres aislados del mundo es una tontería. No existen personas más conectadas con su contexto que nosotros, aunque querramos estar encerrados en un cuarto oscuro. Y si ese contexto influye en nosotros, entonces también influye en nuestra obra. Si yo no fuera quien soy, viviera como vivo y donde vivo, no escribiría como lo hago, probablemente sería el médico de bata blanca y palabras extrañas que algunos anhelan.