José Saramago, diario inédito de un Nobel austero

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En el vigésimo aniversario de la concesión del Nobel al escritor portugués, su viuda y traductora, Pilar del Río, y su amigo y biógrafo Fernando Gómez Aguilera nos explican las claves del hallazgo y del contenido del último Cuaderno de Lanzarote, descubierto por casualidad en un viejo ordenador donde Saramago consignó su "aséptica y fría" reacción al galardón.
Por: Fernando Díaz De Quijano
Tomado de: El Cultural
13 de agosto de 2018

"Perpleja. Atónita. Sin resuello. De piedra". Son las expresiones que utiliza Pilar del Río al referirse al inesperado descubrimiento del inédito de José Saramago (Azinhaga, 1922-Tías, Lanzarote, 2010) del que todo el mundo habla. Se trata del sexto de los Cuadernos de Lanzarote, un diario que el autor portugués escribió a partir de 1993 y del que solo vieron la luz las cinco primeras entregas. El nuevo cuaderno, además de arrojar luz sobre qué leía, qué pensaba y qué hacía Saramago en 1998, tiene el interés añadido de que aquel fue el año en que ganó el Premio Nobel de Literatura y permitirá conocer, más allá de lo que declaró públicamente, las sensaciones y pensamientos más íntimos que suscitó en el escritor la concesión del galardón literario más prestigioso. Sin entrar en detalles por compromiso con las editoriales que publicarán el libro en octubre (Alfaguara en España y Porto Editores en Portugal), el amigo y estudioso de Saramago Fernando Gómez Aguilera adelanta a El Cultural que su reacción al Nobel fue "aséptica y fría", en consonancia con "la personalidad austera y contenida del escritor".

Coincidiendo con el vigésimo aniversario de la concesión del galardón al escritor luso, el libro será presentado el día 8 de octubre en el primer congreso internacional sobre Saramago, en la Universidad de Coimbra, que en su día nombró doctor honoris causa al autor de Las intermitencias de la muerte.

Lo curioso del caso es que este último cuaderno de Lanzarote, que en español llevará el título de El cuaderno del año del Nobel, había sido mencionado por Saramago en el epílogo del anterior, que abarcaba hasta 1997, y en su presentación, ya en el año 2001, el propio autor explicó que el premio había trastocado tanto sus planes y su agenda que la publicación de este último volumen se retrasaría. Pero finalmente el texto quedó olvidado en un disco duro. "Es inexplicable. Es, como ha dicho el intelectual portugués Eduardo Lourenço, una historia saramaguiana, que solo se le podía ocurrir a quien imaginó una Península Ibérica desgajada del continente y lanzada mar adentro", explica Del Río desde su despacho de presidenta en la Fundación Saramago, en Lisboa.

La viuda y traductora de Saramago se encontraba a altas horas de la noche rebuscando entre las carpetas del viejo ordenador de José porque Gómez Aguilera, director de la Fundación César Manrique y autor de la biografía José Saramago. La consistencia de los sueños (2010), estaba preparando una antología de las conferencias y discursos del autor de Ensayo sobre la ceguera. Era un encargo de Alfaguara, que no quería dejar pasar este 2018, vigésimo aniversario de la concesión del Nobel a Saramago, sin publicar algo nuevo del escritor. "El problema es que no había ningún inédito, así que se decidió recopilar sus conferencias en un volumen. Yo estaba revisando los diarios porque Fernando necesitaba corroborar las fechas de algunas conferencias y entonces fue cuando vi que, debajo de las carpetas correspondientes a los primeros cinco cuadernos, había una sexta, repleta de textos. Si Alfaguara no llega a encargar el volumen de las conferencias, no habríamos descubierto este cuaderno olvidado", reconoce Del Río.

En palabras de Gómez Aguilera, el diario refleja, además de su reacción al Nobel, "su dimensión política y social, su voluntad de intervenir y dialogar críticamente con su tiempo, a través de sus ideas y análisis sobre el poder, la liberalización del mercado mundial, Chiapas y la violencia que sufren los pueblos indígenas, la inexistencia de una cultura europea, la globalización económica vista como un totalitarismo o la Europa post-Mastrich y el análisis de su país como problema".

El cuaderno también ofrece "un Saramago vinculado a las emociones originarias y poéticas de la tierra: árboles, viento, cielos, volcanes, entregando sus páginas más hermosas y emocionantes sobre el paisaje de Lanzarote, donde vivía. Cuando el cuaderno apareció y Pilar me entregó una copia impresa, la primera lectura me provocó una sensación perturbadora, que oscilaba entre la irrealidad y el vigoroso juego propio de una de sus ficciones, esas que, como es bien sabido, suelen comenzar con el planteamiento de una situación o hipótesis inverosímil, absurda (la Península Ibérica se desgaja del continente y se desplaza por el Atlántico sur, Ricardo Reis regresa de Brasil a Lisboa, todos se quedan ciegos menos la Mujer del médico, la muerte cesa y nadie muere…), pero con un desarrollo posterior implacablemente cartesiano. En este caso, se trataba de un diario desconocido que hacía regresar a Saramago veinte años después, hablando al presente con una voz actual, reconocible y poderosa", añade el director de la Fundación César Manrique.

Un "caso literario" insólito

Del Río y Gómez Aguilera tuvieron la oportunidad de intercambiar con el público impresiones sobre la obra descubierta y sobre la figura de Saramago el 7 de agosto en Santander, dentro del ciclo Martes literarios de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. "En lo que a mí concierne, de un modo más específico -explica Gómez Aguilera-, abordé sus planteamientos literarios pero, sobre todo, las ideas sociales y políticas que configuraron su cartografía intelectual, su dimensión de ciudadano comprometido, de gran conciencia pública universal. Una poderosa voz ética y política audible que se sintió concernida por el mundo de sus días y se involucró".

En la misma línea, Pilar del Río subraya que "el compromiso ético no era del Saramago escritor, sino del Saramago ciudadano. Él era el que observaba, el que sentía y sufría, el que militaba y el que salía a la calle. Podría haber sido abogado o pintor igual que escritor. Él nunca en la vida escribió un panfleto. No lo hizo porque se respetaba mucho a sí mismo y la literatura".

Quizá hubo tiempo para abordar en esa conversación el insólito "caso literario" de Saramago, como lo denomina Gómez Aguilera. El escritor se desenvolvió desde joven en el entorno de la literatura, como lector, escritor y poeta, editor, traductor, columnista... En 1947 publicó su primera novela, Tierra de pecado, pero no tuvo éxito y dejó de escribir durante más de dos décadas. "De joven no le interesaba a nadie, invirtió lo que no tenía en hacer copias de sus manuscritos, cuando el papel era un bien escaso y caro, entregaba un libro a una editorial y nunca le respondían... Así que siguió con su vida, formándose, trabajando, pensando", cuenta Pilar del Río.

"Sólo en la segunda mitad de los setenta, tras un corte brusco decisivo en su vida, encontraría el camino hacia un lenguaje y un mundo narrativo propios, que se anuncian en Manual de pintura y caligrafía y eclosionan en 1980 en Levantado del suelo, una novela social escrita tras compartir algunos periodos de tiempo con los campesinos del Alentejo, tras escucharles, vivir con ellos y recoger fielmente sus historias, tal y como las expresaban", recuerda Gómez Aguilera. "Del mestizaje entre el realismo tardío portugués, la oralidad agraria del campo pobre de su país y la magia narrativa de la novela iberoamericana de los sesenta y setenta nace el inesperado universo literario de Saramago, tan singular en el contexto de Portugal y europeo. Es el resultado de un corredor de fondo solitario, orgulloso y desclasado, que se sintió menospreciado, hasta que, en la década de los ochenta, cuando estaba descartado y no contaba para nadie rompió las costuras del ecosistema literario portugués y desequilibró el panorama desbordándolo, hasta convertirse en una referencia internacional reconocida con el único Premio Nobel de Literatura en lengua portuguesa".