Paradiso: anotación inducida sobre un aniversario cerrado

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Este texto, publicado originalmente en La Gaceta de Cuba, formó parte de un dossier homenaje a los cincuenta años de la publicación de la novela "Paradiso", de José Lezama Lima.
Por: Ibrahim Hernández Oramas
Tomado de: Rialta
14 de julio de 2017

Paradiso, escritura sagrada, letra muerta… La pregunta sobre la pertinencia de Paradiso a sus cincuenta años cerrados –pregunta que, aclaro por una vez, me han instado a plantearme– sólo puede encontrar su plácida formulación, su desovillaje, como parte y decorado del paisaje elíseo de nuestros más notables suplementos literarios, sólo alcanza a ser respondida si se hace por encargo…

Hecha desde fuera, ante la desolación de la escritura entendida como experiencia del límite, el desasosiego de la tradición entendida como fuerza dinámica… Hecha, por un escritor cubano contemporáneo, ante la página en blanco entendida como comienzo de un extrañamiento, de una revelación casi siempre acompañada por el dolor, desde el “gesticular de una escritura que no resuena” (Saer)… Hecha a partir del desafío ético –y aquí hablamos, no podría ser de otra manera, en términos de ética de la escritura– que comporta hacer anclados al páramo de la así llamada “nuestra realidad”… Pronunciada en el acto, desde este locus uno y múltiple, debiera –la pregunta sobre la pertinencia y el reflotar de Paradiso a sus cincuenta cerrados años– saberse fuera de cuestión…

Yo, cuando vuelvo hacia Paradiso, me siento comenzar el hormigueo de miembro gangrenado… Paradiso es ya materia fosilizada, materia de referente, índice de materias, asunto sólo de academias y asambleas de todos los órdenes… Duermo con Paradiso en la misma habitación y no temo, desde los anaqueles, al probable refulgir de sus letras doradas… Ahora mismo supone –desde su temprano requisamiento hasta su posterior restauración como epos de lo nacional–, a sus cerrados cincuenta años, un suceder de imágenes inmovilizadas: está el ama de llaves proustiana… está el mito de clase media de su ilegibilidad… está el juego de yaquis y el padre ausente… está el capítulo presillado por la intelligentsia de buen ver… está el caudillo universitario… está la grandeza venida a menos… está el timón de una guagua que es en realidad una cabeza de toro… está lo cubano demoníaco en constante flirteo con lo cubano-arcádico… está la cena lezamiana devenida receta turística… está el rebumbio y lo barroco y hasta lo neobarroco… están los gemelos terribles y Farraluque y el pelirrojo y la Madre y el Maestro… están las guayaberas planchadas y el olor a naftalina y las chinerías y las porcelanas… está lo sublime, el enigma y el amaneramiento… está el germen de las síntesis y los nacionalismos… Paradiso es el escaparate majestuoso de una tía abuela solterona –su chiforrobe– a donde vamos y tomamos la referencia que se nos antoja, hacer algo con Paradiso es como intentar, cuando reverbera el verano sobre el acantilado, usar las pieles con que la tía se pavoneaba en las tardes de Casino Español… El escritor cubano que se vuelve a Paradiso soporta el riesgo de cometer ese gesto ridículo…

Cuando Rolando Sánchez Mejías proponía, hace ya más de dos décadas, “olvidar Orígenes”, y ya desde bastante más atrás, todo escritor cubano que siente a Paradiso como la dificultad está incurriendo en la especie de una repetición… Lo hace porque ha acabado ignorando que, si miramos hacia atrás para buscar el objeto con que contender, si presentimos que el espectro a superar nos acecha y convida, Paradiso es letra fósil, bajo tierra, “superada”… Lorenzo García Vega pergeñó la novela que sepulta, rebasa e implica la corrección de Paradiso… Cada escritor cubano que sienta la tradición como dificultad y angustia debe colocar en Los años de Orígenes el reflector de sus devaneos… Los años de Orígenes encierra la antinovela de formación… Los años de Orígenes opone a la enredadera barroca las formas paranoides del estilo centroeuropeo… Los años de Orígenes compone un anagrama inexacto y disidente de ParadisoLos años de Orígenes cancela en su forma abierta a ParadisoLos años de Orígenes es la novela cubana de Thomas Bernhard o Thomas Bernhard es el Lorenzo García Vega austriaco…

Por esta razón, cuando Oscar Cruz escribe “Lezama/el pacto” e ilustra sus poemas con la página de Facebook de los origenistas, cuando Pablo de Cuba habla de un “Destrocadero Lezama”, cuando los textos de Legna Rodríguez Iglesias, como parte de su poética beatnik-naif, aluden al propio García Vega, los escritores cubanos de vanguardia cometen un pecado de elisión, enfilan sus cañones al lugar del error, evitan la angustia y el desafío de la dificultad… Hieráticos, arrastrados por la pulsión de la repetición, replicantes del gesto de Lorenzo García Vega, los escritores cubanos de vanguardia inciden en el propio emponzoñamiento y la metástasis de sus formas de escritura…

Ante la reciente muerte de un poeta cubano semiolvidado, alguien que en verdad frecuentaba los tugurios más underground de la literatura de vanguardia, alguien que mantenía intacta como vestal una ética de la escritura y una personal verdad de la poesía, las reacciones no se han hecho esperar: desenterramiento de “secretas devociones”, autobombo a ambas manos, furor de luto en las redes sociales, panegíricos de mal gusto…

En medio de tal panorama, las referencias, lo mismo al suicidio de Juan Carlos Flores, que al señorío de Paradiso en nuestra tradición, pueden encuadrarse dentro de un mismo procedimiento de montaje vintage, que, a su vez, remite (encubiertamente o no) a los ámbitos de lo comercial o lo folklórico… La escritura parece comienza a entenderse como una de las formas de la guaracha…

De este modo, contemplando el desfile de las carrozas tradicionales, la pregunta sobre el desvío, sobre el cómo, el y después qué de la escritura –pregunta que pasa necesariamente por Los años de Orígenes y Lorenzo García Vega, como antes lo hiciera por Paradiso y José Lezama Lima– cobra aun mayor importancia…