Siempre me he propuesto hacer lo digno en los caminos que he elegido

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Una mirada al periodista, editor y escritor que acaba de ganar el Premio Especial del Concurso Internacional de Minicuentos El Dinosaurio 2017.
Por: Madeleine Sautié
Tomado de: Granma
12 de marzo de 2018

Si una palabra bastara para resumir lo que en materia de destreza es Jorge Fernández Era sería versatilidad. La Universidad de La Habana lo tituló en Licenciatura en Periodismo en 1991, pero además de tener un largo currículo como editor y varios libros publicados, también es actor, sin contar que la Ingeniería en Explotación del Trasporte Marítimo y la Arquitectura lo tuvieron alguna vez en sus listados.

La edición le agradece más de 50 publicaciones entre revistas, libros y carteleras especializadas, y de su autoría van ya cuatro títulos de cuentos humorísticos, aunque muchas otras piezas del género engrosan los índices de no pocas antologías cubanas y extranjeras.

El grupo humorístico Nos y Otros ha sido una de las escuelas que han formado profesional y humanamente a este hombre que acaba de ganar por el texto Vida el Premio Especial del Concurso Internacional de Minicuentos El Dinosaurio 2017, certamen que ya le ha dado otros beneplácitos, si se tiene en cuenta que resultó ganador del Primer Premio y Premio del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) de su primera edición, que tuviera lugar en el 2006.

Periodista, editor, escritor… Aunque las tres profesiones u oficios a los que se ha dedicado tienen sus diferencias, también poseen ejes comunes. ¿Por qué las letras siempre entre tus vocaciones?

Más bien esas profesiones se han dedicado a mí. Te cuento algo: muy joven aún, pasé a escondidas una prueba para un curso de circo. Soy bueno en el equilibrismo, puedo ponerme una escoba sobre la nariz por mucho rato… y hasta en la mano cuando mi mujer me manda a barrer, eso es equilibrio.

Pues aprobé el examen, y cuando di la noticia, mis padres coincidieron en que no querían a un cirquero en la familia. No eras nadie en los años 70 si no enrumbabas hacia ingeniero o licenciado. Ese detalle hace que tu entrevista no sea bajo una carpa, porque eso sí, siempre me he propuesto hacer lo digno en los caminos que he elegido, desde artesano hasta actor: ya son más de una decena, entre cortos y largos, los audiovisuales donde he interpretado papelitos, sin contar mis diez años teatrales con Nos y Otros.

«Me gustan las ciencias. Dejé la Arquitectura porque mi sueño era ser periodista, pero me iba bien con las maquetas y el dibujo técnico. Las letras siempre, porque mis padres eran profesores de Español y Literatura. Mi mamá fue incluso asesora nacional de la asignatura en el Ministerio de Educación. Algo tenía que pegárseme. Y con algo me hubieran pegado ellos si me iba al circo».

En su desempeño como escritor hay preferencia por la narración. Cuando hace periodismo se le da muy bien la crónica. ¿Qué estado le embarga cuando ha logrado verter en el papel la carga –fuerza, energía…– que estaba en su pensamiento?

Es un sentimiento raro, mezcla de susto y de satisfacción. El periodista —prefiero me consideren un reportero que va más allá de la noticia— que se respete debe buscar la arista más escondida del hecho. Hablar de lo obvio te hace ser uno más, y siempre habrá un lector esperando a que le remuevas algo allá dentro. Si ese algo es una sonrisa, el deleite es mayor. Por eso no renunciaré a escudriñar, sin caer en banalidades, la parte risueña de las cosas, aun las más serias… ¡que el humor es serio, señor mío!

Has dicho que para ti es imprescindible tener claro el título y el final del texto. ¿Por qué? ¿Será que esos marcos condicionan lo que le dará cuerpo?

El porqué lo ignoro, y no me quita el sueño. Se me ocurre una frase que me gusta como título, la anoto y me afano en buscarle un argumento. Cuando ya tengo este último trato de pensar en cómo cerraré la cosa, y no escribo nada hasta definir el final. No ocurre siempre, pero me ha salvado de finales insulsos o títulos descafeinados. Pasa que escribo un texto que tiene sustancia y lo guardo esperando a que llegue el título y toque a la puerta. Por suerte recibo muchas visitas.

¿Cuál es la razón por la que elige el cuento? ¿Qué rasgo personal se aviene a que sea ese el soporte en el que sitúa lo que quiere decir?

Escribo cuentos porque soy vago. Una vez comencé una novela, y cuando no había avanzado casi nada me di cuenta de que podía dividir aquello en dos cuentos aceptables, y ahí quedó el intento. Si lees mis textos notarás que hay una obsesión por la síntesis que parte de mi profesión periodística, por eso la crónica se me da más fácil. Algunos amigos escritores dicen que me envidian la brevedad; no saben que mucho antes yo les envidiaba a rabiar la tonga de cuartillas. Si tengo que mencionar un rasgo personal es el de la contención. No pretendo creerme cosas, prefiero me recuerden más como el tipo que hizo el bien que como aquel que procuró escribirlo.

¿Escribe con frecuencia minicuentos? Junto al poder de síntesis tan exquisito que hay que tener para ello, ¿qué más debe caracterizar este tipo de trabajo?

Al decir de amigos, críticos y amigos críticos, todos mis cuentos, en cierto sentido, pueden ser considerados como tales, porque es difícil que pasen de las dos cuartillas. Eso tiene sus desventajas, porque para armar un libro necesito un plan quinquenal. A los minicuentos, además de la brevedad, debe caracterizarlos cierta lógica literaria, de lo contrario cualquiera leería uno de ellos con solo expresar: «El metrobús cuesta 40 centavos»; atrás vendría el chofer y se adjuntaría otro: «No tengo cambio, me quedo con el peso». Dije lógica literaria porque la lógica de la vida te dice que los restantes 60 centavos son tuyos.

Se habla de que el minicuento no es un cuento muy corto, sino otro género más. ¿Qué opina?

A mí lo de los géneros no me salpica, eso hay que dejárselo a los estudiosos. Al final el minicuento puede ser las dos cosas o no ser ninguna. Lo importante es que ha encontrado su lugar, tiene su público, y si se hace con decoro y logra –al igual que la novela, la poesía, el ensayo…– estremecer al que lo lea, habrá logrado su cometido. El minicuento ha venido a demostrar de forma categórica que lo importante no es el tamaño.

Además de seguir pensando por ti mismo, como ya ha referido: ¿cuáles son sus proyectos más inmediatos?

Hay una frase de no recuerdo quién que resume a la perfección lo que pienso de mis «proyectos inmediatos»: «Es preferible estar presente cuando el futuro haya pasado, que estar pasado cuando el futuro esté presente». Mi único proyecto es vivir a plenitud mientras me queden energías para ello.

Cuando niño me dibujaron un futuro, llegué a joven y me lo siguieron dibujando, y ahora que voy para viejo me he dado cuenta de que si sigo embelesado mirando ese cuadro me van a cerrar la galería y me perderé el resto.