Social, la revista cubana

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En la última edición correspondiente a 1925, la revista mensual ilustrada Social, que siempre se caracterizaba por sorprender gratamente a sus lectores, anunció una sorpresa mayúscula: la publicación a partir del siguiente número de una novela policiaca por entrega en doce capítulos.

Algunos pensaron que era una broma de fin de año. Otros, conocedores de los vínculos de la revista con el llamado Grupo Minorista, al cual pertenecían el propietario de ella y su Director Literario, además de sus más asiduos colaboradores, se aprestaron para la sorpresa.

Llegó 1926 y, con él, el inicio del folletín. En la sección "Notas del Director Literario" se aclaraba: "Conforme ofrecimos en el número anterior, empezamos a publicar en este la novela Fantoches, que ha de ser escrita por doce escritores cubanos e ilustrada por doce dibujantes".

El primer capítulo correspondía al novelista Carlos Loveira, autor de Los inmorales (1919) y Generales y doctores (1920), entre otras obras célebres de la época. Por él se supo que el protagonista, un joven conocido por Cartayita, al acudir al muelle a despedir a su novia, la halla herida o muerta en un auto.

Con febrero vino también el periodista y escritor Guillermo Martínez Márquez y un flash back no exento de costumbrismo que nos remonta al pueblo imaginario de Yaguaramas, donde Cartayitas y su novia iniciaron el romance.

A la vez se enreda la trama, pues a los dos sospechosos por infligir heridas (¿mortales?) a la muchacha que Loveira había señalado en el primer capítulo, Martínez Márquez le agrega otro.

Y continuó la novela en cada entrega. En un suceso inédito en el mundo editorial cubano, muchos lectores se disputaban cada nuevo número solo para ver adonde los llevaba la trama, que se iba enredando con nuevos personajes, algunos de ellos los mismos autores del folletín enmascarados en anagramas.

Alberto Lamar Schweyer, Jorge Mañach, Federico de Ibárzabal, Alfonso Hernández Catá, Arturo Alfonso Roselló, Rubén Martínez Villena, Enrique Serpa y Max Henríquez Ureña redactaron los siguientes capítulos. Emilio Roig, en la oncena entrega, introduce un nuevo sospechoso: el novelista Miguel de Carrión.

Tocó a Carlos Loveira, en la última entrega (diciembre de 1926), desenredar la madeja y darle un final coherente a la novela. Social, la revista cubana por excelencia en aquella época, consolidaba su fama y aseguraba la fidelidad de los miles de lectores que asiduamente la perseguían en los estanquillos.

La revista cubana

La revista mensual ilustrada Social salió a la calle por primera vez el 25 de enero de 1916. Desde ese primer número, tuvo como director a Conrado W. Massaguer, quien además fungió como su principal ilustrador gráfico y caricaturista.

En su primer editorial, Massaguer proclama: "Social será una revista consagrada únicamente a describir en sus páginas por medio del lápiz o de la lente fotográfica nuestros grandes eventos sociales, notas de arte, crónica de modas…"

En 1918, el escritor e historiador Emilio Roig de Leuchsenring se incorporó a la edición de la revista, y a partir de 1923 aparece ya en el machón como "director literario". Bajo su égida se desarrolló la etapa más brillante de la publicación, al brindar sus páginas a lo mejor de la cultura nacional y foránea.

El contenido de la revista se amplió con la presencia de Roig. Aparte del espacio dedicado a la crónica social, aparecieron cuentos, poemas, crítica literaria y teatral, artículos históricos y sobre música y otras artes. Aparte de las ilustraciones de Massaguer, colaboraron los grandes plásticos del momento.

De la cultura universal, divulgó, por solo hacer unas cuantas menciones, la obra poética de Lorca, Gabriela Mistral, Lugones, Antonio y Manuel Machado, la ensayística de Alfonso Reyes, la narrativa de Miguel Ángel Asturias y Horacio Quiroga.

Larga es la lista de sus colaboradores cubanos. A los ya mencionados cuando se abordó la novela Fantoches, habría que agregar a Juan Marinello, Agustín Acosta, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Fernando Ortiz, Emilio Ballagas, Regino Pedroso, Raúl Roa y el crítico de cine José Manuel Valdés Rodríguez, entre otros.

Filósofos como Medardo Vitier, historiadores de la talla de Ramiro Guerra, Rafael Estenger, José Luciano Franco, Antonio Iraizos y Emeterio Santovenia publicaron en Social sus investigaciones y breves ensayos.

Un buen espacio dedicó esta revista a la mujer. No solo en informaciones sobre las frivolidades de la moda, los acontecimientos "de la Sociedad" y el mundo de la farándula. En sus páginas también se reflejó lo mejor de la literatura y el periodismo de la época escrito por féminas.

Colaboraron con Social asiduamente, entre las foráneas, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni y Juana de Ibarborou, mientras que entre las nacionales brillaron Mariblanca Salas Alomá, Ofelia Rodríguez Acosta y Renée Méndez Capote, por solo mencionar algunas.

Declive y final

En agosto de 1933, debido a la crisis económica existente en Cuba y la situación que vivía el país en el ocaso de la tiranía machadista, se suspendió momentáneamente la circulación de Social, reanudada posteriormente en septiembre de 1935, pero sin la presencia de Emilio Roig en la edición de la revista.

Tal ausencia comenzó a hacerse notar. Los materiales culturales se tornaron cada vez más escasos y la crónica social de la alta burguesía, con sus frivolidades, ocupó cada vez más espacio.

Social apareció por última vez en diciembre de 1937, el último número consultado por el autor de este trabajo, aunque algunos investigadores aseguran haber hallado referencias sobre una edición correspondiente a abril de 1938.