Yannis Lobaina: Soy una gran aprendiz, una recién llegada

Versión para imprimirVersión en PDF

“Aun después de casi cinco años fuera de Cuba, cuando escribo, mis temas siguen conectados a la Isla, a su olor, sabor y ritmo. Mi memoria emotiva permanece allí, y entre la nostalgia y la felicidad de descubrir nuevos sitios y experimentar nuevas emociones, escribo mis nuevos cuentos.”
Por: Elaine Vilar Madruga
Tomado de: AHS
13 de agosto de 2019

Era uno de mis contactos en Facebook desde hacía años. No recuerdo quién de las dos solicitó la amistad. Probablemente, ella tampoco. Nos unían intereses y amigos en común. Eso bastaba. Luego de tanto tiempo —y coincidiendo con unas de mis estancias más largas de estudio en Canadá— entablamos conversación y acordamos encontrarnos en un café bonito de la ciudad de Toronto. La química fue instantánea. Ya sabía que tendríamos temas y telas por donde cortar, pero jamás imaginé que tantas cosas nos unirían. Yannis Lobaina es una hermosa mamá, una cuentacuentos, una cubana, una escritora y también —¡suerte la mía!— una amiga. Esta es parte de su historia.

Cuando tomaste la decisión de emigrar, ¿percibiste el nacimiento de un cambio, no solo geográfico sino también en la materia de tu creación?

Nunca me interesó irme de Cuba. Viajé a algunos países antes de llegar a tierra canadiense. Siempre tenía la idea fija de regresar a mi cuarto del Vedado, en donde creía tenerlo TODO para ser feliz. En Cuba, por ser nieta de inmigrantes españoles, por mi estilo hippie al vestir o por mi manera de expresarme, muchas personas pensaban que yo era de tierras lejanas, y no cubana. Estas  conexiones, desde entonces, son temas leitmotiv para mi escritura.

Mi decisión de emigrar vino directamente ligada al amor. (Des) afortunadamente no lo encontré en Cuba. Emigrar, ha sido una de las decisiones más complejas que he tomado en mi vida. No fue —ni es— fácil dejar atrás todo para empezar de cero. Aunque, en mi caso, quizás ha sido más llevadero por el apoyo que tengo de mi esposo y por la gran energía de mi hija. O por mi capacidad innata de (re)adaptarme.

Aun después de casi cinco años fuera de Cuba, cuando escribo, mis temas siguen conectados a la Isla, a su olor, sabor y ritmo. Mi memoria emotiva permanece allí, y entre la nostalgia y la felicidad de descubrir nuevos sitios y experimentar nuevas emociones, escribo mis nuevos cuentos.

Vives en un contexto donde tu lengua materna no es el idioma oficial del país, ¿hasta qué punto has podido adaptar tu trabajo a diferentes variantes lingüísticas? ¿La adquisición de un nuevo idioma deja sus trazas en la obra?

Amo los idiomas. En La Habana estudié inglés, francés, alemán y tuve la suerte de trabajar con profesionales de mi medio y practicarlo. Pero es otra emigrar a una ciudad multicultural en donde la comunicación diaria es solo en inglés. Me ha tocado aprender mucho: por supuesto, empezando por el hecho de escribir y pensar en inglés.

Creo que, inconscientemente, esto sí ha dejado traza. Por ejemplo, he descubierto que, cuando escribo, utilizo palabras en varios idiomas o escribimos oraciones en spanglish. Ese juego lingüístico me seduce mucho. Y por supuesto, de manera involuntaria esto aparece en mis personajes.

He adaptado mi trabajo, mis fortalezas e intereses personales, a preservar mi idioma: es uno de mis retos aquí. Transmitirle mi herencia y lengua a mi hija es una de mis motivaciones diarias. Así que, para hacerlo de manera que nos nutra a las dos, creé un programa en el 2017 de escritura creativa, cuentacuentos y manualidades para niños hispanohablantes. Con el gran objetivo de promover los hábitos de lecturas en ambos idiomas y fortalecer la comunidad con programas de arte para los más pequeños.

Desde Canadá has continuado escribiendo y promocionando tu trabajo, ¿Cómo lo has logrado? ¿Sientes, de alguna manera, que la conexión esencial con Cuba se ha perdido?

Sí, he perseverado en mis ideas, y lo he logrado gracias al apoyo que tengo de mi esposo. Antes de decidirme a emigrar, ambos sostuvimos largas conversaciones sobre lo que yo quería hacer, los pros y contras de cambiar de carrera o pasión. Y la verdad, él ha sido un pilar fundamental para mi desarrollo profesional aquí en Toronto. Por otro lado, desde que llegué, invertí muchas horas en investigar y en perseverar en lo que amo hacer. La vida es impredecible: me surgieron caminos, puertas y ventanas en los que nunca había pensado y con los que ahora mismo me siento muy feliz.

Desde que llegué a Canadá, he intentado involucrarme en proyectos conectados con la literatura, las lecturas, el cine. Emigrar ha sido un duro golpe para mí. Como persona creativa he podido enfrentar este desafío manteniendo una actitud positiva ante las miles de barreras que enfrento a diario. Winston Churchill lo dice bien: “El éxito va de fracaso en fracaso sin perder tu entusiasmo”. Por lo tanto, no he perdido mi entusiasmo. Creo que, en poco tiempo, solo cinco años, he realizado más de lo que podía imaginar. Todo porque he sido perseverante, he mantenido mis objetivos bien claros y, sobre todo, he sido valiente… y te digo valiente porque no me dejé arrastrar por las frustraciones y resentimientos de otros emigrantes como los que encontré en mi camino, los cuales me insistían en que NADA de lo que yo quería ser aquí se podía lograr.

En el 2016, me sumergí en el mundo de los bloggers y creé mi blog personal, llamado https://enlareddeltiempo.com/, donde escribo sobre temas que me interesan, y donde trato de mostrar temas que sean útiles para otras personas que, como yo, han emigrado.

La conexión esencial con Cuba NUNCA la podré perder. Es algo que, aunque me aleje, llevaré siempre a cuestas, como lleva el caracol su casa. Creo que a todos nos pasa. Cuba, se vuelve un tema recurrente cuando vives lejos. La añoranza aumenta, tanto las conversaciones diarias como la creación artística giran en torno a ella, lo que haga huele a Cuba. Me gusta esta imagen: los aborígenes taínos decían que Cuba significaba “piedra, montaña, cueva”, y creo que esa es una marca para toda la vida. Mis días transcurren con música cubana. No me pueden faltar Bola de Nieve, Ernesto Lecuona, Ignacio Cervantes, Haydee Milanés, y un largo etcétera. Tengo playlists enteras solo de música cubana.

Ya lo mencionabas anteriormente: en Canadá has fomentado el conocimiento de la lengua española a través de diversos programas, focalizados fundamentalmente hacia los niños de comunidades de ascendencia hispanohablante. ¿Hasta qué punto sientes que la experiencia de estar en contacto con la lengua materna, a través de la oralidad, conecta al ser humano con sus raíces?

Como emigrantes enfrentamos muchos procesos de cambios… y los primeros siete años son de búsqueda, de renacer, de tomar fuertes decisiones y cambiar. Pienso que conectar con nuestra comunidad, encontrar grupos con los que hacer catarsis de nuestro proceso y conectar con el idioma, nos ayudará a admirar y respetar nuestra herencia.

En mi caso, como madre y mujer creativa, el hecho de establecer vínculos con la comunidad, diseñar programas para la familia, realizar talleres en donde el uso del idioma español ha sido pilar; me ha ayudado a establecerme en Toronto. Sobre todo, me ha abierto puertas y nuevas oportunidades de trabajo. No ha sido nada fácil convencer a los padres, instituciones, medios de prensa de la necesidad de apoyar mi proyecto.

Gracias a que he ganado subvenciones de arte, mis talleres han tomado fuerza y veracidad. En la mayoría de ellos utilizo la narración de cuentos como una herramienta fundamental para crear historias que giren en torno a nuestros sentimientos como emigrantes. El principal objetivo es conectar, crear comunidad, mantener el idioma español y sanar nuestras nostalgias. Una de las principales motivaciones para realizar mi programa de Cuentacuentos en Toronto es mi hija, Amélie Claire. Desde su nacimiento, cada noche leemos cuentos en español, para así mantener nuestras raíces culturales y el idioma español como lengua nativa.

Tu labor como realizadora audiovisual fue, quizás, uno de tus trabajos más descollantes en Cuba. ¿En qué proyectos te enfocas en la actualidad?

Trabajé en la Escuela Internacional de Cine y TV casi una década, en la producción audiovisual, como asistente de dirección, entre otros roles. Fue una época de mucho trabajo y de inspiración. En general, mi quehacer como productora audiovisual y escritora siempre ha estado dirigido a comunidades con poca visibilidad. Me gusta involucrarme en proyectos que me brinden la oportunidad de aprender de nuevos entornos, para así trabajar con grupos multidisciplinarios y multiculturales. Por eso Toronto me inspira cada día para lograr estos sueños como realizadora. En la actualidad estoy trabajando en varios proyectos documentales de forma independiente. Where the Magic Happens/Outside your Comfort Zone fue el primero, y me ha servido para “traducir” mi entorno nuevo en Toronto, para integrarme y conocer los retos a los que debo enfrentarme como mujer realizadora. Estoy en la escritura del segundo corto documental, ahora con más calma y nuevos conocimientos. Este corto documental aborda una temática totalmente diferente. En paralelo sigo escribiendo cuentos para niños, jóvenes y adultos. Espero pronto publicar un libro infantil Amélie Claire y los cuervos de Moirs Mill, con unas bellas ilustraciones realizadas por el cubano Yurky Gonzalez.

Me alegra que hables de Where the Magic Happens/Outside your Comfort Zone ya que en el 2016 fuiste beneficiaria de una beca con la que realizaste este corto documental, ¿cierto? Cuéntanos un poco de tus búsquedas estéticas en ese punto preciso de tu carrera.

Fue mi primer documental como filmmaker, palabra que casi significa hacerlo TODO tú sola y sin mucha plata. El proyecto nació de mi gran necesidad de contar nuestras historias como inmigrantes, desde mi punto de vista como mujer, madre y recién llegada a un país tan multicultural y complejo como Canadá. Decidí arriesgarme a contar nueve historias de emigrantes de geografías y experiencias de vida totalmente distintas, pero que coincidían todas gracias un hilo conductor: la búsqueda del renacer y el deseo de seguir luchando por los sueños. Fue un proceso enriquecedor y muy catártico el hecho de encontrar a estos nueve maravillosos entrevistados. A ellos siempre les agradeceré por haber confiado en mi corto documental.

El documental —desde mi época de estudiante en la EICTV, y luego como productora de muchas tesis de grado— fue un género que me fascinó. Siempre soñé con realizarlos; en Cuba trabajé en varios, desde su idea hasta la producción. Desde mi llegada a Canadá, he estado investigando seriamente sobre el tema el impacto de la emigración. Como seres humanos necesitamos integrarnos en sociedad para sobrevivir y desarrollar nuestra vida, carreras y, a veces, incluso para alcanzar nuestros sueños. Unirse a la sociedad canadiense es un desafío importante. La integración es uno de los problemas más críticos para los recién llegados que están empezando a construir su camino hacia este nuevo mundo. Estos temas son los que me interesan contar por ahora.

¿En qué hilo conector se imbrica tu literatura?

En estos momentos de mi vida me estoy tomando en serio escribir narrativa. Soy una lectora exigente, voraz y me cuesta mucho publicar mis cuentos. Cuando los leo, no siento que están listos para volar, y los dejo reposando largos períodos. Pocos han pasado el autofiltro que yo misma he creado.

Pienso que todos mis cuentos tienen un hilo común que los guía, temas recurrentes tales como la familia disfuncional, la pérdida de seres queridos, la inmigración y la maternidad.

Me interesa mucho crear cuentos con elementos históricos, me fascinan las historias de mujeres desde el siglo XIV hasta la actualidad. Tengo varios cuentos con personajes femeninos, algunos reales, otros creados por mí… Me interesa contar estas historias y darle importancia a la mujer. Contrario a esto, cuando escribo literatura infantil, la voz que uso es masculina, la de un niño.

Recientemente formaste parte de un performance literario que unía la experiencia de vida de un grupo de mujeres emigrantes, donde el símbolo de los zapatos, metáfora de los pasos por la vida, era leitmotiv. ¿Cómo llegas al proyecto? ¿Sientes, así como lo percibí yo, que con él cierras un círculo en tu creación y abres uno nuevo?

Sí, The Shoe Project fue una gran experiencia de vida en muchos sentidos. Estoy agradecida de haber encontrado el anuncio y que una amiga colombiana, Paola, me motivara a aplicar para la selección. Este proyecto marca un antes y un después en mi proceso creativo. Por primera vez escribí en inglés un texto sobre mi propia experiencia como emigrante en Canadá, mi historia de llegada y de adaptación a la comunidad canadiense a través de la lente de un par de zapatos. Lo expuse dos veces en un teatro repleto de un público maravilloso. La adrenalina, el hecho de desnudar tu alma y tu historia frente a personas desconocidas es algo poderoso y sanador.

Reír juntas, llorar y crear una tribu de valientes mujeres que cada jueves asistíamos a las clases y ensayos ha sido una de las mejores experiencias que he vivido aquí.

Creo que tienes razón: con este proyecto han surgido nuevos caminos de ver mi proceso creativo. Y ha sido inspirador escarbar en mi memoria emotiva desde el lente de los zapatos e incursionar en el género de la biografía. Es que los zapatos atraviesan culturas y son ricos en historias, eso siempre repetía la creadora del proyecto, Katherine Govier. Y ahora tengo ya seis historias casi terminadas desde esa perspectiva.

Y ya que hablamos de tu proceso creativo, ¿es accidentado o riguroso?

Riguroso. Sufro mucho cuando quiero armar un cuento o un libro. Es un proceso horrible y agotador. Escribo, luego investigo y reescribo, me desilusiono. Me pasan los años y no me creo que es importante publicar cada cosa que vomito de mi cabeza al papel, o a la laptop. Es un largo combate con las palabras y las historias que me gustaría contar. Los referentes que tengo, mis guías literarios, son tan grandes que achican todas mis grandes necesidades de contar, crear y darle vida a las voces que vienen a mí.

Dentro de la creación artística, ¿a qué proceso le concedes mayor importancia?

Cada uno es importante. Desde la simple idea que se me ocurre cuando me estoy duchando, lavando o limpiando hasta la publicación final del texto. Soy de las que cree que nos toca, a cada uno de nosotros, cuidar de todos los aspectos de la creación del libro. Siempre, antes de decidirme a publicar, leo y pienso como lectora. La escritura es un gran vehículo de conocimiento, expresión, comunicación y transformación para nuestros lectores y también para nosotros como creadores. Por eso creo en la importancia de cada etapa creativa.

¿Cómo se conectan, en ti, experiencia con creación?

No me considero una escritora con experiencia en la creación. Soy una gran aprendiz, una recién llegada. Y pienso en esto siempre cuando, por razones de clasificaciones, he de nombrarme artista, escritora. Como dice Antonio Damasio:

“Quizá la cosa más indispensable que podemos hacer como seres humanos, cada día de nuestras vidas, es recordarnos a nosotros mismos y a los demás que somos complejos, frágiles, finitos y únicos”.